Las Enfermedades de Baja California: Una Crónica de Males Evitables

Baja California, un estado con un enorme potencial, enfrenta un padecimiento crónico que lo aqueja desde hace décadas. Estas no son enfermedades biológicas, sino sistémicas, y se manifiestan en cuatro síntomas claros: la corrupción, un sistema de salud lamentablemente rezagado, finanzas públicas inestables y un preocupante déficit de seguridad e infraestructura.
La corrupción, como una infección persistente, carcome las bases de las instituciones. Desde licitaciones turbias hasta el desvío de recursos, esta práctica socava la confianza ciudadana y bloquea el progreso. Por otro lado, el sistema de salud padece su propia enfermedad: hospitales con recursos insuficientes, personal sobrecargado y ciudadanos que deben elegir entre endeudarse o no tratarse.
En lo económico, las finanzas públicas enfrentan un desequilibrio que asfixia el desarrollo. Los altos niveles de deuda limitan las posibilidades de inversión en proyectos que podrían detonar el crecimiento. Finalmente, la inseguridad y la falta de infraestructura son las heridas más visibles: calles en mal estado, alumbrado público insuficiente y un ambiente donde los ciudadanos se sienten desprotegidos.
Para sanar a Baja California de estas enfermedades, se requiere un tratamiento integral. En primer lugar, se debe combatir la corrupción con verdadera transparencia, auditorías independientes y sanciones contundentes. La salud pública necesita priorizarse con un presupuesto adecuado y programas eficientes que garanticen acceso universal. Las finanzas estatales deben reorganizarse con una política fiscal sostenible que equilibre el gasto e impulse la inversión productiva. Finalmente, la seguridad y la infraestructura requieren estrategias claras que combinen tecnología, prevención y participación ciudadana.
El diagnóstico es claro, pero el tratamiento exige voluntad política y el compromiso de todos. Baja California merece un futuro donde el progreso sea la norma, no la excepción.
